RETABLO BARROCO DE SANCTI SPÍRITUS
30 minutos
El retablo mayor de la parroquia de Sancti Spíritus, antigua iglesia del convento de las Comendadoras de Santiago, es una destacada obra del siglo XVII que combina arquitectura y escultura con una rica iconografía centrada en la historia legendaria del apóstol Santiago.
En su ejecución intervinieron varios artistas, entre los que sobresale el escultor Antonio de Paz, responsable de una parte fundamental de su programa escultórico. El retablo articula una compleja estructura arquitectónica con un elaborado programa iconográfico. Su contenido se centra en la figura del apóstol Santiago, integrando escenas de su vida junto con episodios de la vida de Cristo y la Virgen. En el ático se representa la Venida del Espíritu Santo, titular de la iglesia, mientras que en el cuerpo principal se desarrollan episodios clave de la tradición jacobea, como la Batalla de Clavijo, la Aparición de la Virgen del Pilar, la Aparición de Santiago al rey Ramiro I, su martirio en Jerusalén y el traslado de sus restos a Galicia. En las hornacinas se disponen figuras de santos como San Pedro, San Pablo, San Agustín y San Ambrosio.
Este retablo forma parte de la Ruta de la Constelación de Retablos Barrocos de Salamanca, un itinerario cultural que permite redescubrir la riqueza del barroco salmantino a través de sus principales conjuntos retablísticos.
Leer Más
En su ejecución intervinieron varios artistas, entre los que sobresale el escultor Antonio de Paz, responsable de una parte fundamental de su programa escultórico. El retablo articula una compleja estructura arquitectónica con un elaborado programa iconográfico. Su contenido se centra en la figura del apóstol Santiago, integrando escenas de su vida junto con episodios de la vida de Cristo y la Virgen. En el ático se representa la Venida del Espíritu Santo, titular de la iglesia, mientras que en el cuerpo principal se desarrollan episodios clave de la tradición jacobea, como la Batalla de Clavijo, la Aparición de la Virgen del Pilar, la Aparición de Santiago al rey Ramiro I, su martirio en Jerusalén y el traslado de sus restos a Galicia. En las hornacinas se disponen figuras de santos como San Pedro, San Pablo, San Agustín y San Ambrosio.
Este retablo forma parte de la Ruta de la Constelación de Retablos Barrocos de Salamanca, un itinerario cultural que permite redescubrir la riqueza del barroco salmantino a través de sus principales conjuntos retablísticos.
Precio visita libre
- Individual - 0.00 €
La iglesia de Sancti Spíritus, en Salamanca, fue fundada como parroquia del barrio de los “toreses” hacia 1190. En 1223 Alfonso IX la donó a la Orden de Santiago y, posteriormente, se convirtió en convento de las monjas Comendadoras de Santiago. La iglesia actual, que data del siglo XVI, es un ejemplo destacado del gótico tardío y del plateresco. En su interior destacan el retablo mayor y el antiguo coro conventual, reconvertido en capilla del Cristo de los Milagros, con un espectacular artesonado mudéjar del siglo XVI.
El retablo mayor de la parroquia de Sancti Spíritus, antiguo templo del Convento de las Comendadoras de Santiago, representa una de las creaciones más destacadas del barroco salmantino del siglo XVII. Su ejecución, que se extendió a lo largo de quince años (1644 y 1659), contó con la intervención de diversos artistas. Como precedente directo de este retablo, y de otros similares que existieron en la ciudad, hay que citar el de la Iglesia de San Martín, obra en la que participó Esteban de Rueda y que se perdió en el incendio que sufrió la iglesia en 1858.
La historia del retablo comienza con el contrato firmado en 1644 entre doña María de Bracamonte, comendadora del convento, y los maestros Antonio de Paz, escultor, y Antonio Martín, ensamblador. Antonio de Paz se encargó de la realización de las esculturas de bulto y de los relieves. Esta obra está considerada la más importante entre las realizadas por este escultor. En el contrato se estipuló que la obra debía estar concluida para el 25 de julio de 1645, festividad de Santiago Apóstol, patrón de las Comendadoras. Sin embargo, a la muerte de Antonio de Paz en 1647 el retablo aún no estaba acabado. Una inscripción en el retablo certifica la fecha en la que fue terminado: “Este retablo se hizo siendo María de Bracamonte comendadora. Año 1659.”
El retablo mayor de la parroquia de Sancti Spíritus, antiguo templo del Convento de las Comendadoras de Santiago, representa una de las creaciones más destacadas del barroco salmantino del siglo XVII. Su ejecución, que se extendió a lo largo de quince años (1644 y 1659), contó con la intervención de diversos artistas. Como precedente directo de este retablo, y de otros similares que existieron en la ciudad, hay que citar el de la Iglesia de San Martín, obra en la que participó Esteban de Rueda y que se perdió en el incendio que sufrió la iglesia en 1858.
La historia del retablo comienza con el contrato firmado en 1644 entre doña María de Bracamonte, comendadora del convento, y los maestros Antonio de Paz, escultor, y Antonio Martín, ensamblador. Antonio de Paz se encargó de la realización de las esculturas de bulto y de los relieves. Esta obra está considerada la más importante entre las realizadas por este escultor. En el contrato se estipuló que la obra debía estar concluida para el 25 de julio de 1645, festividad de Santiago Apóstol, patrón de las Comendadoras. Sin embargo, a la muerte de Antonio de Paz en 1647 el retablo aún no estaba acabado. Una inscripción en el retablo certifica la fecha en la que fue terminado: “Este retablo se hizo siendo María de Bracamonte comendadora. Año 1659.”
En el recorrido por el interior y por el exterior de la iglesia cabe destacar:
• En el exterior destaca particularmente la portada, típico ejemplo de arquitectura suspendida, con rica decoración plateresca.
• Además del retablo mayor, la iglesia cuenta con otros retablos de gran calidad artística: el retablo del Ángel de la Guarda; el de la Inmaculada, el de San José y el de San Sebastián.
• La Capilla del Cristo de los Milagros, que fue el coro bajo de la iglesia conventual, situado a los pies de la iglesia, tiene un magnífico artesonado de estilo mudéjar.
• Imagen del Cristo de los Milagros, del siglo XIV, que da nombre a la capilla situada en el antiguo coro del convento.
• La iglesia cuenta con un interesante conjunto de sepulcros medievales.
• En la fachada norte de la iglesia, sobre la puerta, puede verse un relieve de Santiago en la Batalla de Clavijo.
• En el exterior destaca particularmente la portada, típico ejemplo de arquitectura suspendida, con rica decoración plateresca.
• Además del retablo mayor, la iglesia cuenta con otros retablos de gran calidad artística: el retablo del Ángel de la Guarda; el de la Inmaculada, el de San José y el de San Sebastián.
• La Capilla del Cristo de los Milagros, que fue el coro bajo de la iglesia conventual, situado a los pies de la iglesia, tiene un magnífico artesonado de estilo mudéjar.
• Imagen del Cristo de los Milagros, del siglo XIV, que da nombre a la capilla situada en el antiguo coro del convento.
• La iglesia cuenta con un interesante conjunto de sepulcros medievales.
• En la fachada norte de la iglesia, sobre la puerta, puede verse un relieve de Santiago en la Batalla de Clavijo.
Desde el punto de vista estructural, el retablo se organiza en dos cuerpos y un ático, distribuidos en tres calles, dos entrecalles y un banco. El conjunto está enmarcado por columnas corintias y rematado por un frontón curvo partido, característico del lenguaje barroco.
La escultura fue realizada principalmente por Antonio de Paz y destaca por su gran calidad, apreciándose en ella una clara influencia de Gregorio Fernández, tanto en la composición como en el tratamiento expresivo de las figuras.
El programa iconográfico, concebido por la comendadora María de Bracamonte, se centra en el apóstol Santiago, incorporando también escenas de la vida de Cristo y de la Virgen. En el ático se representa la Venida del Espíritu Santo, titular del templo.
En los relieves de la calle central y de las laterales se desarrollan episodios de la tradición jacobea: en el centro, la Batalla de Clavijo; y a los lados, la Aparición de la Virgen del Pilar, la Aparición de Santiago al rey Ramiro I, la Decapitación del Apóstol en Jerusalén y el traslado de sus restos en una carreta de bueyes hasta el palacio de la reina Lupa.
En las hornacinas del primer cuerpo se sitúan San Pedro y San Pablo, mientras que en el segundo aparecen San Agustín y San Ambrosio. Por su parte, el banco y el pedestal del segundo cuerpo presentan relieves con escenas de la vida de Cristo y de la Virgen, como la Adoración de los Magos, la Huida a Egipto, el Bautismo de Cristo o la Coronación de la Virgen. Entre ellos destaca una escena singular en la que San José construye una barca junto a un río, mientras el Niño Jesús juega con dos ángeles bajo la mirada de la Virgen.
Finalmente, el tabernáculo alberga el relieve de la Resurrección, flanqueado por las figuras de San Juan Bautista y San Antonio Abad.
La escultura fue realizada principalmente por Antonio de Paz y destaca por su gran calidad, apreciándose en ella una clara influencia de Gregorio Fernández, tanto en la composición como en el tratamiento expresivo de las figuras.
El programa iconográfico, concebido por la comendadora María de Bracamonte, se centra en el apóstol Santiago, incorporando también escenas de la vida de Cristo y de la Virgen. En el ático se representa la Venida del Espíritu Santo, titular del templo.
En los relieves de la calle central y de las laterales se desarrollan episodios de la tradición jacobea: en el centro, la Batalla de Clavijo; y a los lados, la Aparición de la Virgen del Pilar, la Aparición de Santiago al rey Ramiro I, la Decapitación del Apóstol en Jerusalén y el traslado de sus restos en una carreta de bueyes hasta el palacio de la reina Lupa.
En las hornacinas del primer cuerpo se sitúan San Pedro y San Pablo, mientras que en el segundo aparecen San Agustín y San Ambrosio. Por su parte, el banco y el pedestal del segundo cuerpo presentan relieves con escenas de la vida de Cristo y de la Virgen, como la Adoración de los Magos, la Huida a Egipto, el Bautismo de Cristo o la Coronación de la Virgen. Entre ellos destaca una escena singular en la que San José construye una barca junto a un río, mientras el Niño Jesús juega con dos ángeles bajo la mirada de la Virgen.
Finalmente, el tabernáculo alberga el relieve de la Resurrección, flanqueado por las figuras de San Juan Bautista y San Antonio Abad.