RETABLO BARROCO DE LAS CLARAS
30 minutosLa iglesia se decora con siete retablos barrocos, destacando el retablo mayor, realizado a principios del siglo XVIII por Joaquín de Churriguera y Pedro de Gamboa. Se trata de un magnífico ejemplo del barroco salmantino que destaca por su riqueza decorativa y su armoniosa adaptación a la estructura del templo. Realizado en madera sobredorada con pan de oro, presenta una estructura dinámica, organizada en torno a tres calles separadas por columnas salomónicas cubiertas de racimos de uvas y hojas de parra, símbolos de la Eucaristía.
En el centro se sitúa el sagrario, bajo un baldaquino, junto a la imagen de Santa Clara con la custodia, reforzando el mensaje eucarístico del conjunto. Sobre él, en el ático, aparece la Inmaculada, destacada por la presencia de ángeles que dirigen la mirada hacia ella. Las calles laterales acogen las figuras de San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, completando un programa iconográfico coherente y equilibrado.
Este retablo forma parte de la Ruta de la Constelación de Retablos Barrocos de Salamanca, un itinerario artístico que invita a redescubrir el esplendor del arte barroco a través de los retablos conservados en ocho templos de la ciudad.
El Convento de Santa Clara es el más antiguo de los monasterios femeninos conservados en la ciudad. Su origen se remonta a la primera mitad del siglo XIII cuando un grupo de mujeres de la nobleza deciden unirse en comunidad para para vivir ascéticamente y protegerse cuando sus maridos iban a la guerra. Se establecieron en la ermita de Santa María, dando lugar al beaterio de Dueñas de Santa María. Con el paso de los años, y gracias a privilegios de papas y reyes, se convirtió en el Real Monasterio de Santa Clara. Este convento ha sido el hogar de la comunidad de Clarisas durante aproximadamente ochocientos años. El año 2019 las religiosas, ante la falta de vocaciones, dejaron este lugar para instalarse en otros monasterios de la orden.
Se trata un espacio emblemático reconvertido hoy en Museo conventual de Santa Clara. En él se muestra el gran legado espiritual, artístico e histórico que ha preservado el convento a lo largo de los siglos.
En el recorrido por el monasterio el visitante puede contemplar un nutrido número de obras de arte que nos acercan a la vida y espiritualidad de la comunidad de monjas clarisas. Lo más destacado son las pinturas medievales que recubren los muros del coro bajo, el claustro, la iglesia barroca y el excepcional artesonado medieval que fue descubierto de forma accidental sobre la bóveda barroca de la iglesia en los años setenta del siglo XX. La posterior restauración recibió en 1988 el Premio Europa Nostra de Conservación del Patrimonio.
Entre las múltiples sorpresas que nos depara la visita al Convento de Santa Clara de Salamanca se encuentra la iglesia conventual y sus retablos. El origen de esta iglesia se remonta al siglo XIII, sufriendo remodelaciones importantes en dos ocasiones: una, como consecuencia del incendio acaecido en 1413, y otra, a finales del siglo XVII y principio del XVIII para adaptarse a los gustos y necesidades de la época. La iglesia, de pequeñas dimensiones y planta rectangular, se cubre con bóveda medio cañón con lunetos. Esta falsa bóveda ocultó durante siglos el artesonado original de la iglesia que fue descubierto y restaurado a finales del siglo XX y que hoy constituye uno de los principales atractivos del convento.
La iglesia se adorna con siete retablos barrocos, todos ellos acabados con un espléndido dorado. El retablo mayor fue contratado en 1701 por Joaquín de Churriguera y Pedro de Gamboa. Está presidido por la imagen de Santa Clara, titular del convento, a la que acompañan la Inmaculada, San Antonio de Padua y San Francisco de Asís. Las esculturas han sido atribuidas a José de Larra Domínguez, cuñado de los Churriguera.
La iglesia se embellece con siete retablos barrocos, cuyo resplandor dorado parece iluminar el templo al ingresar en su interior. El retablo mayor fue encargado en 1701 a Joaquín de Churriguera y a Pedro de Gamboa. Aunque de dimensiones más reducidas, este retablo guarda estrecha relación con el que su hermano José realizó para la Iglesia de San Esteban. Tallado en madera sobredorada con pan de oro, su diseño se adapta armoniosamente al arco semicircular de la bóveda. Se compone de una predela, un cuerpo central dividido en tres calles y un ático, coronado por una peineta decorada con un querubín.
El cuerpo central del retablo se articula en tres calles, delimitadas por columnas salomónicas y rematadas en los extremos por estípites. Toda su ornamentación constituye una exaltación del Sacramento de la Eucaristía. Las seis columnas presentan una decoración exuberante, con racimos de uvas y hojas de parra que cubren casi por completo su superficie, sin dejar apenas un centímetro libre.
El sagrario, ubicado bajo un baldaquino, también está flanqueado por columnas salomónicas. La puerta que lo resguarda está decorada con una pintura que representa a Jesucristo portando la Sagrada Forma. En la hornacina central se encuentra la imagen de Santa Clara de Asís con la custodia, mientras que en el ático se sitúa la figura de la Inmaculada. A ambos lados, dos ángeles jóvenes entre volutas señalan con sus manos a la Virgen, destacando su presencia. Las hornacinas de las calles laterales albergan las esculturas de San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, completando así el conjunto iconográfico del retablo.
Los altares laterales, del mismo estilo que el mayor, aunque de menores dimensiones, están dedicados a San Buenaventura, el Calvario, Santa Catalina de Bolonia, San Juan Bautista y Nuestra señora del Rosario